HISTORIAS DE SUPERVIVENCIA EN MEDIO DE LA MISERIA

domingo, 29 de abril de 2012

Las calles, los techos y las paredes de la supervivencia. Fotografía: Carlos E. Rivera Ruiz
El Espejo Negro estuvo el viernes 27 de abril acompañando una jornada de salud, recreación y atención psicosocial realizada por el Secretariado de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Cartagena en un sector altamente vulnerado por la pobreza, la recepción continua de población desplazada, el invierno y la miseria; y se nos estrelló la realidad de centenares de colombianos en la cara.

El sector del 3 de junio ubicado en las estribaciones de la “montaña” que quedó de la clausura del antiguo relleno sanitario, hace parte del barrio Henequén, y comparte fronteras con Nelson Mandela, Manuela Vergara de Curi y El Nazareno. En esta invasión viven más de 1000 familias compuestas en su mayoría de población desplazada de la violencia, e incluso de desplazamientos internos de la ciudad. El sector con un poco más de cinco años de fundado no cuenta con alcantarillado, su servicio de energía es deficiente y el agua potable solo llega en las noches.

Merlis La-verde, Una mujer aguerrida y líder de su comunidad nos enseñó el sector de El Laguito que no es más que el caño Veinte, que nace en el vecino barrio de Henequén y termina en el barrio Nelson Mandela y por donde corren aguas fétidas y contaminadas que ya han provocado emergencias y que de seguro provocará más apenas inicie en serio la temporada invernal en Cartagena.

Las condiciones de estas familias son muy complejas. Están asentados entre una loma de tierra altamente inestable y un caño putrefacto. Tuvimos la oportunidad de conversar y entrar a las casas de las familias con más alto riesgo, pues el caño ya se llevó sus patios y en la noches ya no pueden dormir por la angustia de nuevos deslizamientos. Son gentes de todas partes del país que comparten lo poco que tienen con lo mucho que arriesgan.

Los niños sufren de innumerables enfermedades, pues el suelo y las aguas están contaminados por los residuos del antiguo relleno sanitario, sus caminos son trochas que en el invierno son intransitables y la maraña de cables de electricidad les acuña más preocupaciones.

Sin embargo son personas muy cordiales que reciben con una sonrisa y dan la bienvenida con amabilidad a sus casas inclinadas por la inestabilidad del terreno, no obstante es desgarrador ver los niños jugando desnudos en un suelo contaminado, o al lado de un caño nauseabundo.

La situación más grave se presenta por la cercanía del Caño Veinte con las casas de El Laguito, pues ya han sufrido por sus efectos en temporadas invernales pasadas y eso ha mostrado el panorama que se les viene a esas familias cuando lleguen las lluvias. 


El Espejo Negro publica estas imágenes para llamar la atención de aquellos que se rasgan las vestiduras en las redes sociales, pidiendo por un mundo más justo, pero se hacen los ciegos a los problemas reales de una de las ciudades más desiguales del país que ocupa el tercer puesto en desigualdad social a nivel mundial. 

Panorámica de la jornada de atención a la comunidad del 3 de Junio.
Vídeo: una madre desplazada por el conflicto intenta continuar su vida en la ciudad 

Fotografías: Carlos E. Rivera Ruiz
La alegría de los niños.
Cables, trompo y pata pelá.
Una de las viviendas afectadas por el caño Veinte: por su patio se pasea el peligro. 
Nidia Rosa Chavez, desplazada de Montecristo-Bolívar. Vende bolis para poder sobrevivir. 
Así se sostienen las casas para evitar que se derrumben. 
A eso apelan para proteger sus casas de la inevitable fuerza de la naturaleza.
La más triste realidad, así juegan nuestros niños.
De salto en salto ella busca mejor futuro.
No hay dientes, pero hay sonrisa.

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